La cultura digital multiplica por cinco la capacidad de innovación

La iteración continua, la toma de riesgos y el foco sobre el cliente son algunas de las características que definen la cultura digital. Dicha conducta es incluso más importante que la inversión y el talento en una estrategia de digitalización.


Hay empresas que consideran que la transformación digital consiste en invertir en nuevas herramientas tecnológicas e implementarlas en el modus operandi, mientras que otras entienden que la digitalización es una mentalidad que debe estar presente en toda la organización. La llamada cultura digital marca la diferencia: es capaz de multiplicar por cinco la capacidad de innovación de una empresa.

Así lo destaca Boston Consulting Group (BCG) en su estudio How to drive a digital transformation, que insta a los directivos a crear una cultura digital fuerte si quieren obtener resultados rápidos y retener al talento. El 90% de las compañías focalizadas en instaurar esta mentalidad alcanzan un alto rendimiento innovador, frente al 17% que no la aplican, según la consultora.

Mirar al exterior y no tanto al interior es una de las claves de la cultura digital. Los trabajadores deben tener presente el exterior y estar comprometidos con las necesidades de los clientes para desarrollar nuevas soluciones. En ese aspecto, prima más la colaboración que el esfuerzo individual de los empleados, por lo que la transparencia y la interacción entre estos se antoja esencial.

La cultura digital también requiere de más acción y menos planificación, ya que promueve la velocidad y la iteración continua. Por tanto, implica una toma de riesgos, y aunque ello conlleve ciertos fracasos, BCG señala que fomenta el aprendizaje y la audacia. Para que estos movimientos sean exitosos, es importante que la toma de decisiones se difunda por toda la organización.

Instaurar en la compañía toda esa cultura digital a menudo marca la diferencia entre una transformación digital efectiva y una que no. Es por ello que aquellas empresas que maduran digitalmente más rápido son capaces de ganar ventaja competitiva y cuota de mercado, así como de aumentar la rentabilidad y el tiempo de comercialización de un producto o servicio.

Es más, el estudio indica que el impacto de las prácticas y los comportamientos digitales en toda la organización es incluso mayor que dos de las palancas que suelen considerarse claves para la estrategia de digitalización: la inversión en nuevas iniciativas de negocio y el reclutamiento de talento.

Las compañías, a medida que avanzan desde los programas piloto hasta la adopción de un producto a gran escala, se topan con el choque de la cultura digital. Interiorizarla depende del comportamiento individual de cada empleado y, en muchas ocasiones, los modelos de trabajo tradicionales resultan incompatibles. El reto de los directivos es crear una metodología clara que los trabajadores sean capaces de adoptar y aplicar de forma autónoma.

No sólo eso. También es importante que los responsables tengan la capacidad de entrenar a los miembros de su equipo para delegar ciertas tareas. BCG ejemplifica con como una organización puede acostumbrarse a rotar a los portavoces de las reuniones, haciendo que haya una mayor variedad de personas que participen en las mismas. Es un ejemplo, pero son actos simbólicos como ese los que ayudan a cimentar la cultura digital.

Escalar esa cultura es el verdadero desafío. Una mentalidad tradicional, basada en el poder jerárquico y los equipos es, en muchos aspectos, antagonista. Transformar eso no es sólo lo más difícil, sino también lo más lento. Es por ello que las empresas deben saber anticiparse a lo que deben hacer más allá de ejecutar una estrategia piloto.

Publicado por Kippel