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Private Credit y Direct Lending: ¿Burbuja Financiera o la Nueva Columna Vertebral de la Financiación Corporativa?

Durante más de una década, el crédito privado fue un tema de nicho, reservado a especialistas en mercados privados y a los informes trimestrales de un puñado de gestoras alternativas. Hoy es distinto: el Financial Times y el Wall Street Journal le dedican columnas casi semanales, Jamie Dimon compara el sector con una plaga de cucarachas, y reguladores como el Financial Stability Board (FSB) y el Banco Central Europeo han empezado a preguntarse, en voz alta, si el sistema financiero global sabe realmente cuánto riesgo se ha desplazado fuera de los bancos.

La pregunta de fondo es simple de formular y difícil de responder: ¿estamos ante una burbuja de crédito que se está gestando fuera del radar regulatorio, o ante una reconfiguración estructural y duradera de cómo se financian las empresas? En este artículo intentamos ir más allá del titular y analizar los datos, los casos recientes y los argumentos de ambos bandos del debate.


Qué es exactamente el private credit direct lending

El direct lending es la modalidad más grande dentro del universo del crédito privado. Consiste en que fondos gestionados por firmas como Ares, Blackstone, Apollo, KKR o Carlyle prestan directamente a empresas —normalmente medianas, muchas de ellas respaldadas por private equity— sin que un banco actúe como intermediario ni el préstamo se sindique o cotice en mercados públicos.

A diferencia de un préstamo bancario tradicional o de un bono de alto rendimiento, estas operaciones se negocian de forma bilateral. El resultado es mayor flexibilidad en la estructura (unitranche, PIK toggles, covenants a medida) a cambio de menos estandarización, menos transparencia de mercado y, casi siempre, comisiones más altas para el prestatario.

Este modelo nació, en gran medida, como respuesta a la retirada de la banca tradicional de la financiación a empresas medianas tras la crisis financiera de 2008 y el endurecimiento regulatorio de Basilea III. Donde los bancos redujeron su apetito de riesgo, los fondos de crédito privado encontraron un hueco que no ha dejado de crecer desde entonces.


De nicho a pilar del sistema financiero: la magnitud del mercado

Los números explican por qué el debate ha escalado. El mercado global de crédito privado se valoró en torno a 2,1 billones de dólares en 2025, y las proyecciones de PwC, Moody’s y Global Market Insights coinciden en una trayectoria de crecimiento sostenido: entre 3,4 y 4 billones de dólares hacia 2030, con estimaciones más agresivas que sitúan la cifra en 5,7 billones para 2035.

Solo dentro del segmento de direct lending corporativo institucional, las grandes gestoras alternativas gestionan ya más de 1,3 billones de dólares en activos, concentrados en operaciones ligadas a compras apalancadas de private equity. A esto se suma un fenómeno relativamente nuevo: la llegada masiva de capital minorista a través de vehículos semilíquidos (BDCs no cotizadas, interval funds, fondos evergreen europeos), que ya acumulan más de 640.000 millones de dólares y podrían superar el billón hacia 2028.

La consecuencia es doble. Por un lado, el crédito privado ha dejado de ser un complemento marginal a la financiación bancaria para convertirse en una fuente principal de capital para empresas medianas y operaciones de M&A. Por otro, su creciente interconexión con bancos, aseguradoras, fondos de pensiones y ahora también inversores particulares ha convertido lo que antes era «riesgo de nicho» en una pieza relevante del engranaje financiero global.


Las grietas que encendieron la alarma: First Brands y Tricolor

El detonante mediático del debate actual llegó en el otoño de 2025, cuando dos compañías estadounidenses —el fabricante de recambios de automóvil First Brands y la financiera de coches de segunda mano Tricolor— se declararon en quiebra casi simultáneamente, en medio de acusaciones de fraude y de pignoración duplicada de activos como colateral.

El impacto no se limitó al crédito privado: bancos como UBS y Jefferies reconocieron exposiciones de 500 y 715 millones de dólares respectivamente a First Brands, mientras que JPMorgan, Barclays y Fifth Third Bank quedaron expuestos a las líneas de crédito de Tricolor. Jamie Dimon resumió el nerviosismo del mercado con una frase que se ha citado hasta la saciedad: «cuando ves una cucaracha, probablemente hay más».

Lo relevante, sin embargo, es matizar el alcance real de estos episodios. Firmas como Cambridge Associates y análisis de iCapital han señalado que ambos casos fueron, ante todo, fraudes idiosincráticos que afectaron por igual a préstamos sindicados, ABS públicos y líneas bancarias tradicionales, no un fallo sistémico exclusivo del crédito privado. El propio análisis de BDCs realizado tras la quiebra de First Brands mostró una exposición agregada de apenas el 0,05% sobre el total de activos bajo gestión del sector.

Dicho esto, los episodios sí expusieron un problema real: la opacidad sobre quién presta a quién, y cuánta deuda puede estar respaldada por el mismo colateral sin que ningún prestamista tenga visibilidad completa.


¿Dónde está realmente el riesgo sistémico?

El debate sobre si el crédito privado representa una amenaza sistémica se ha ido afinando a medida que reguladores y analistas separan el ruido de las vulnerabilidades estructurales genuinas. Tres focos concentran la mayor parte de la preocupación:

La interconexión oculta con la banca. El FSB ha advertido que los bancos globales mantienen una exposición directa e indirecta a fondos de crédito privado que se cuenta en cientos de miles de millones de dólares. En Europa, la exposición bancaria a entidades financieras no bancarias (NDFI) ronda los 4,5 billones de dólares, en torno al 9% de la cartera de préstamos combinada del sector. El riesgo no es que el crédito privado «explote» de forma aislada, sino que transmita tensión al sistema bancario a través de líneas de crédito, financiación warehouse y participaciones cruzadas.

El desajuste de liquidez en los vehículos evergreen. A medida que estructuras semilíquidas han abierto el crédito privado al inversor particular, han aparecido episodios de fuertes solicitudes de reembolso que chocan con la naturaleza ilíquida de los activos subyacentes. Morgan Stanley ha señalado que, a principios de 2026, la inquietud sobre el impacto de la inteligencia artificial en modelos de negocio de software coincidió con un repunte de solicitudes de reembolso en estrategias evergreen de direct lending, algo que hasta entonces solo preocupaba a los especialistas en la letra pequeña de estos fondos.

El deterioro selectivo de la calidad crediticia. Las tasas de impago se mantienen relativamente contenidas —en torno al 4,5%-5,2% según S&P Global y Fitch Ratings a finales de 2025—, lejos de niveles de crisis. Pero la competencia entre gestores por desplegar el capital captado ha presionado covenants y márgenes, y la encuesta Global Private Credit Survey 2026 de PwC revela que dos tercios de los gestores consideran que la mayor competencia es hoy el principal factor de presión sobre la rentabilidad, mientras un 93% anticipa retornos iguales o inferiores en 2026.


Los argumentos de quienes descartan una «crisis sistémica»

No todo el mercado comparte el tono de alarma. Gestoras como Hamilton Lane han sido explícitas al rechazar la comparación entre los recientes episodios de estrés y una crisis generalizada, argumentando que el tamaño relativo del crédito privado dentro del sistema financiero global sigue siendo limitado y que los problemas observados son específicos de determinados prestatarios, no un síntoma de deterioro generalizado del crédito.

Análisis de banca privada como Santander Alternative Investments matizan además que el direct lending tradicional —basado en flujos de caja predecibles y estructuras senior secured con apalancamiento prudente— ha demostrado resiliencia incluso en distintos entornos de tipos de interés, y que el foco regulatorio actual se concentra sobre todo en la transparencia de las valoraciones y en los vehículos semilíquidos orientados a inversores no profesionales, no en el conjunto de la clase de activo.

La lectura más equilibrada que emerge de ambos bandos es que el crédito privado no atraviesa una crisis sistémica, pero sí está entrando en su primer ciclo de estrés crediticio relevante a gran escala, tras años de crecimiento casi ininterrumpido. Es, en otras palabras, la primera prueba de estrés real del modelo desde su expansión masiva posterior a 2008.


Private credit vs. banca tradicional: una comparación necesaria

Más allá del debate sobre riesgo sistémico, conviene entender en qué se diferencia estructuralmente el crédito privado de la financiación bancaria clásica, porque de ahí nacen tanto sus ventajas como sus puntos ciegos.

DimensiónBanca tradicionalPrivate credit / Direct lending
RegulaciónEstricta (Basilea III, supervisión prudencial, requisitos de capital)Ligera, dispersa entre jurisdicciones y vehículos
Transparencia de preciosAlta (mercados de referencia, ratings públicos)Baja (valoraciones internas, marcado a modelo)
Velocidad de ejecuciónLenta, procesos de comité de riesgoRápida, decisión concentrada en el gestor del fondo
Estructura de la deudaEstandarizada, sindicadaA medida (unitranche, PIK, covenants flexibles)
Liquidez para el inversorDepósitos, alta liquidezBaja; vehículos evergreen introducen liquidez parcial
Coste para el prestatarioGeneralmente menorMayor, por la prima de flexibilidad e iliquidez
Exposición del sistemaDirecta y muy vigiladaIndirecta, vía bancos, aseguradoras y NDFI


Esta tabla explica por qué el propio sistema bancario, lejos de ser ajeno al fenómeno, se ha convertido en uno de sus principales financiadores en la sombra: a través de líneas de crédito a los propios fondos, de participaciones en unitranches y de la venta de carteras de préstamos a vehículos de crédito privado para liberar capital regulatorio. El crédito privado no ha sustituido a la banca; en muchos casos, se ha entrelazado con ella.


La perspectiva europea: oportunidad en un mercado menos maduro

Mientras el mercado estadounidense de direct lending muestra signos de compresión de rentabilidades por el exceso de competencia, los inversores institucionales están reasignando capital hacia Europa, donde la fragmentación regulatoria y la menor eficiencia informativa todavía permiten obtener primas de rentabilidad ajustada al riesgo más atractivas. El mid-market español, en particular, atraviesa un momento de creciente actividad, apoyado en el elevado dry powder acumulado por los fondos tras dos años de cautela macroeconómica.

Esta divergencia geográfica no es un detalle menor: sugiere que el debate «burbuja sí, burbuja no» es, en realidad, demasiado simplista para un mercado que se está segmentando con rapidez entre geografías, estrategias (direct lending corporativo, financiación basada en activos, deuda distressed) y perfiles de riesgo muy distintos entre sí.


Qué deben vigilar los inversores institucionales

Para un inversor sofisticado, la conclusión operativa no es evitar el crédito privado, sino afinar los criterios de selección en una fase de mercado que ya no premia la exposición indiscriminada:

  • Transparencia del gestor sobre la estructura de capital del prestatario. Los casos de First Brands demostraron que la falta de visibilidad sobre financiación en múltiples tramos (sindicada, privada, fuera de balance) es más peligrosa que el propio riesgo de crédito subyacente.
  • Disciplina de apalancamiento y covenants reales, no solo nominales, especialmente en sectores bajo presión como consumo, retail, automoción y software.
  • Coherencia entre la liquidez ofrecida y la liquidez real de los activos, un punto crítico en vehículos evergreen y semilíquidos dirigidos a private wealth.
  • Exposición cruzada del propio banco o gestor patrimonial a NDFIs, que puede generar canales de contagio indirectos poco visibles en los informes trimestrales estándar.
  • Diversificación por sub-estrategia, dado que la financiación basada en activos (asset-based finance) está mostrando dinámicas de riesgo distintas —y en muchos casos más conservadoras— que el direct lending corporativo puro.


Conclusión: ni burbuja generalizada ni sustituto perfecto de la banca

El crédito privado no está viviendo una crisis sistémica comparable a 2008, pero tampoco es ya el activo «aburrido y predecible» que muchos inversores institucionales compraron durante la última década de tipos bajos. Ha entrado en una fase de selección obligada, en la que la dispersión de resultados entre gestores va a ampliarse de forma significativa, y en la que la interconexión con la banca tradicional —lejos de haber desaparecido— se ha vuelto más compleja y menos visible.

La pregunta correcta, por tanto, no es si el private credit sustituirá a la banca o si es una burbuja a punto de estallar. Es si los inversores —institucionales y, cada vez más, particulares— tienen las herramientas y la disciplina de análisis necesarias para distinguir entre las estructuras que han demostrado resiliencia real y las que simplemente no han sido puestas a prueba todavía. En Gala Capital seguimos de cerca esta transformación estructural del mercado de crédito, con especial atención a cómo se traduce en oportunidades y riesgos concretos para el mid-market europeo.


Fuentes y referencias: Financial Stability Board (Report on Vulnerabilities in Private Credit, 2026), PwC Global Private Credit Fund Survey 2026, Moody’s, Global Market Insights, Morgan Stanley Wealth Management, Cambridge Associates, iCapital, Funds Society, Alternative Credit Investor.